La maternidad tranquila

La llegada de un bebé a la familia es, primero una bendición y después una oportunidad única de crecimiento. En mi segunda maternidad y mis 41 años la tranquilidad y el placer y la contemplación van de la mano. Sirva este espacio para reflexionar sobre la maternidad tranquila, sin culpas, sin expectativas, sin cargas innecesarias.
Tus aportaciones son bienvenidas, así que, si lo deseas, comparte-te, fluye y disfruta.
¡Bienvenida!

martes, 5 de julio de 2011

Aprender a leer

A veces reconozco que se me enciende la sangre. Miro a mi alrededor y pienso que vivo en un mundo absurdo, casi irreal. Nuestra sociedad postmoderna y a punto de caducar ha elevado a conocimiento lo complementario. Lo siento por los miles de estudiantes de educación y pedagogía que abarrotan las aulas, muchos con la sana intención de mejorar la educación, de ayudar a niños en su proceso, de apoyar el crecimiento y la capacidad intelectual de sus alumnos. Lo siento sinceramente porque creo que están siendo engañados, estafados en un sistema que no solo no da las soluciones, sino que provoca los problemas. Ahora, los niños que no van bien en el colegio, se ven sometidos a entrevistas con psicólogos en despachos de colegios, a clases especiales con profesores de apoyo y, a veces, incluso al consumo de drogas para sentarlos y domesticarlos.

En general no creo en los profesores (y lo he sido, que conste). No creo que un profesor tenga la capacidad de enseñar. Como mucho puede tener la capacidad de transmitir algunos conocimientos, pero es el estudiante quien aprende. Y esto, por mucho que nos empeñemos siempre ha sido así. Es así porque ninguno de los adultos que hoy leen esto serían capaces de resolver un examen de matemáticas o de geografía quince años después de haberlo "aprendido" en el colegio. Y es que no lo aprendimos realmente. Tan solo memorizamos fórmulas, procedimientos o datos que repetimos después para hacer un examen, para pasados varios días o años ser incapaces de aplicar o recordar gran parte de los aprendido. Como mucho un profesor puede encender la llama de la curiosidad en los alumnos y, guiado por el afán de conocimiento que el ser humano ha demostrado en toda la historia de la Humanidad, el alumno puede formular sus propias preguntas y respuestas. Pero muy lejos están éstas de ser admitidas por el sistema educativo actual.

Así que no creo que realmente se aprenda mucho en el colegio. Yo, al menos, no aprendí mucho. Ni siquiera en la Universidad aprendí demasiado. Puedo recordar algunas cuestiones relacionadas con la Filosofía del Derecho que me apasionaron entonces y que, a pesar de la buena nota, recuerdo en una nebulosa. Puedo recordar mis propias respuestas, pero sería incapaz de hablar más de cinco minutos sobre la obra de Norberto Bobbio o sobre El contrato social de Rousseau. Así que puedo decir que no aprendí demasiado. Y no aprendí, no porque hubiera algo malo en mi. No. No aprendí demasiado en los veinte años de estudios académicos (desde primaria a la licenciatura) porque el sistema no está diseñado ni creado para educar.

Reconozco haber disfrutado más con la lectura libremente elegida de El banquete de Platón en mi casa en el año de COU, que con todas las lecturas parciales y obligadas que tuvimos que hacer para aprobar la asignatura de Filosofía en selectividad. Reconozco haber disfrutado más con la elección de El siglo de las Luces de Alejo Carpentier en 3º de BUP que con la lectura obligada de El Beatus Ille de Antonio Muñoz Molina -cuyo libro ni siquiera comencé y a quien no he vuelto a leer por pura rebeldía-. Siempre me ha parecido que desde las instituciones educativas se vanalizaba la literatura hasta extremos insoportables. Un libro no es solo un libro, cualquier buen lector lo sabe. Un libro es el encuentro de dos mundos, dos almas, en un espacio y tiempos concretos.

Los programas de animación a la lectura en la que los alumnos deben leer un autor en un tiempo determinado son un auténtico atropello a la razón y a la libertad personal porque la elección de un libro es un acto sagrado de dominio personal y libertad subjetiva. Y, si además, van acompañados de comentarios de texto en los que has de contestar lo que otros quieren que contestes (nunca he encontrado un profesor tan libre que te permitiera hacer un comentario de texto personal y creativo), entonces, el placer intelectual y la capacidad creativa son directamente aplastados. Para mi, que la lectura ha sido mi refugio personal y la balsa en la que sostenerme en los momentos de zozobra interior y exterior, las lecturas obligadas han sido una tortura de la que he conseguido zafarme siempre, porque, y esto es lo bueno, he aprobado sin haber leído los libros que se suponía tenía que leerme. Incluso en selectividad. Siempre supe qué querían los otros - los profesores- que contara del libro y podía explicarlo, aún sin haberlo leído. Lo que viene a confirmarme una vez más la escasa utilidad de los sistemas tradicionales de enseñanza. Pero claro, yo tuve la suerte de haber comenzado a leer en casa a los cuatro años, lo que me permitió la libre elección de mis lecturas hasta al menos los siete y ocho años. Lo que me hizo ser una lectora libre.

Mi hija, que actualmente tiene seis años, comenzó a leer hace algo más de un año. Su elección primera fue la colección completa de Asterix y Obelix que su padre le regaló pensando que miraría los dibujos. Pero no. El regalo fue el aliciente que encendió la llama de la curiosidad y desde hace un año lee y relee las aventuras de los galos (hasta tal punto que este verano pisaremos las Galias en honor a sus personajes preferidos). A priori nunca creí que una niña de cinco años pudiera soltarse en la lectura de la mano de Asterix y Obelix, cuyos nombres y latinajos son tan difíciles de pronunciar y cuyo sentido del humor destila una fina ironía. Sin embargo, así ha sido.


Que conste que cada verano le compro los libros resúmenes del curso que se supone debía haber realizado. En los primeros años de primaria, la lectura tiene una posición predominante. Y así los libros vienen con unas narraciones y cuentos que, he de reconocer, jamás la han interesado. Hace dos veranos, las aventuras de dos marcianos (Tana y Tano) fueron para ella aburridas. Este año, dos hermanos encuentran un barco pirata en la playa mientras están de veraneo con sus abuelos y... a mitad de la narración, ha cerrado el libro y perdido cualquier interés por esos relatos políticamente correctos con lenguaje sencillo y faltos de emoción. Me imagino a un buen intencionado pedagogo escribiendo en lenguaje no sexista una narración irreprochable en la que trabajar los verbos pretéritos. ¡Qué lejos de la verdadera literatura! Es imposible, más bien un milagro, que un alumno correctamente asimilado por el sistema educativo actual ame la verdadera literatura, si quiera que la distinga de los almibarados textos que acompañan los libros académicos. Y estos niños, serán jóvenes que leerán (con suerte) los best seller del año sin comprender que aquello no es ni será literatura. Que la distancia que media entre un libro comercial y la Literatura en mayúsculas es la misma que existe entre una hamburguesa de MacDonald y una caldereta de marisco; la misma que separa el íntimo abrazo del enamorado del rápido sexo anónimo.


Miro a mi alrededor y me pregunto por qué estamos cómo estamos. Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones honestas en nuestra vida, por qué naufragamos en un mar de dudas, por qué no conocemos el valor de lo importante; cómo es que no diferenciamos lo accesorio de lo relevante, lo sagrado de lo fútil. Cómo es que no sabemos ofrecernos a los demás y valorar la voz que somos, la melodía única que necesita la armonía total. Y viene a mi mente que somos aún como esos adolescentes que sabían qué respuestas debían dar si querían aprobar el examen, aunque la respuesta no tuviera nada que ver ellos... el problema es que confundimos nuestra voz con la de los otros.

11 comentarios:

Matriarcal dijo...

Yo en la escuela aprendí que al profesor hay que decirle lo que le gusta oír. En un par de ocasiones tuve la osadía de decir que el libro que nos habían hecho leer era aburrido y no me había gustado. Ambos profesores me suspendieron y tuve que repetir los trabajos, ésta vez diciendo lo que ellos querían sobre sus lecturas.

Luego suspendí filosofía en selectividad, y ahora, mira por dónde, soy licenciado en filosofía.

Luego realicé el Curso de Adaptación Pedagógica, donde una pedagoga que hablaba como un robot, incapaz de esbozar una sonrisa, nos hablaba de los niños. Mejor no sigo...

Sólo añadiré que la enseñanza de la filosofía en la escuela está llena de lagunas y fallos. Mis sobrinxs la consideran la disciplina más inútil y aburrida de todas, ¿por qué será?

Por cierto, no recuerdo que nadie nos hablara del patriarcado en las clases de filosofía de la escuela...

Saludos.

María dijo...

Como me he sentido de identificada... pensaba que era la única tonta del bote incapaz de acordarme de como cuernos se hace una raíz cuadrada sin calculadora, pero veo que no soy la única que no aprendió demasiado durante los 20 años que estuve escolarizada....... mal de muchos consuelo de tontos, y ese es el problema, que lo damos por bueno porque es "lo normal", lo que nos pasa a todos.... que suerte tiene tu hija de tenerte de madre porque no tendrá que pasar por esto y se convertirá en una mujer culta :o)

Mónica de Felipe dijo...

A Matriarcal, es que ningún profesor asimilado al sistema y con escaso sentido crítico podrá ayudar a un adolescente a cuestionar el sistema. entre otras cosas porque su función variaría tanto y se volvería tan incómoda que tendrían que renunciar o salir corriendo.

A María. ¿Te puedes creer que pensé en ti mientras escribía esto? Y pensé, quizá en las ciencias (yo hice el bachillerato de ciencias y el COU mixto) si después has seguido estudiando una carrera de ciencias, tiene más sentido lo que se estudia en el instituto... y vas tú y me escribes este comentario!
Pues sin esperanza entonces! A cambiar el sistema, María, porque los adultos sabemos que no funciona y, aún así, seguimos exigiendo a los niños que aprendan, que saquen buenas notas, que se esfuercen y disciplinen... Ay!

Nely dijo...

Yo tuve la suerte de caer en gracia a todo el profesorado, del colegio y del instituto, de forma que siempre me permitieron pasar las clases enfrascada en la lectura de alguno de mis libros, mientras no molestara a nadie y gracias a que los demás no imitaron mi comportamiento.
Evidentemente tampoco recuerdo nada de lo que se supone debía aprender y gracias a mi capacidad para enrredar las respuestas en los exámenes, siempre parecía saber más de lo que en realidad sabía.
Por supuesto la universidad ha tenido que ser a distancia, ya no tenía edad ni ganas de caer en gracia a nadie.
Sí que nos hace falta un cambio, y radical.

Laura Martínez Hortal dijo...

Mónica, tu si que haces literatura. Me encanta leerte!
Y que voy a decir del mundo y del sistema educativo...algunas veces creo que necesitamos muchas llamas y empezar de cero. Es el calor.
En serio, lo tenemos fácil que cada uno se responsabilice de sus hijos y de si mismo. Sólo necesitamos ser honestos.
Un abrazo.

Rocio Araya dijo...

La escuela reproduce la sociedad en la que vive y no es ahí que los alumnos/as van a aprender a transformarla.Cuánto tiempo perdido,cuánto potencial dormido...Suerte tenemos de seguir con inquietudes y con sueños propios.
Para mi el profesor es una profesión que va a caer (igual que caerá este sistema económico )porque se basa en que uno sabe y otro no,en que uno manda y otro obecede,en que uno enseña y otro aprende.Para crear borregos está muy bién,pero para crear seres libres, autónomos y creativos no.
Para apoyar a los niños en su crecimiento basta con darles amor.La curiosidad,ganas de aprender, de crecer, de socializar y amar a los otros es innata en el ser humano y no hay que enseñarla.Bastará para satisfacer estas ganas de aprendizaje un entorno apropiado rico en elementos culturales y naturales.Y por supuesto , EL EJEMPLO !!
Así que nuestros veinte años de secuestro( a media jornada) aceptado por nuestros padres ya no los podemos cambiar, (aparte que también hubo cosas buenas...)pero lo que si podemos es dar algo mejor a nuestros hijos.Nosotros que sabemos que la escuela no nos sirvió de mucho hagamos que nuestros hijos empleen su tiempo en lo que les apasiona, que lean lo que les haga volar, no les quitemos el placer del autodescubrimiento y dediquémonos a observarlos sin dar lecciones ni discursos que se lleva el viento.
Besos.

Mónica de Felipe dijo...

A Nely, y sigo cuestionando, incluso la Universidad. Una institución cerrada y caduca que perpetúa los viejos paradigmas y se cierra a la creatividad.

A Laura, yo también creo que habría que comenzar de cero. La pregunta inicial sería: ¿Por qué queremos educar a nuestros hijos y para qué?

A Rocío, claro a nosotros nos toca no repetir errores. Mi visión es que una institución estatal a la que estás obligado a ir cinco horas al día, de lunes a viernes durante mínimo diez años y máximo 23-25 años es una condena en tercer grado... y de un delito bastante gordo, a juzgar por la cantidad de años!

Alejandra dijo...

¡Qué bien escribes!!!¡ Me encanta leerte!!!
Porque además me siento también muuuuuyyyyy identificada...
Aunque yo al final, aunque me atragantara, sí me leía los libros. Récord: "El lazarillo de Tormes" en una sola noche, con la pobre de mi madre escuchando para que yo no me durmiera... y siempre aprobando igual, con triquiñuelas (y hasta buenas notas)... para luego no acordarme de nada. En fin...

volcan dijo...

jajaja, me recuerdas con tu reflexion un examen de literatura, donde pedian que leyeramos 3 capitulos de la Iliada de Homero (tres capitulos fuera de todo contexto... lo mas loco que habia oido ahasta entonces, aun cuando mis compañeros no se lo cuestionaron para nada)

Yo me lei el libro completo, y lo disfrute muchisimo, en solo 1 semana y luego lo volvi a leer... o sea que el dia del examen estaba super feliz pues al fin me habian mandado algio que me gustaba "ilusa de mi"

El examen fue de 1 sola pregunta por la totalidad de la nota, y pedia que describiera el escudo de aquiles... me quede con la boca abierta del asombro... mis compañeros escribian como locos (la mayoria no se habia leido ni siquiera los 3 capitulos, sino que alguien se los habia contado) y yo solo pude poner mi nombre...

Me parecio increible que de un libro tan estupendo, la maestra solo se preocupara por un misero escudo... sali del examen a punto de llorar y a buscar mi amado libro para leerme la descripcion del escudo (cosa que yo habia pasado bastante por alto) y aunque si, era un tremendo escudo, no era para nada comparable con la magnitud de la historia que encerraba el libro...

No me preocupo la nota, me dio lastima con la maestra por su pobre consepto de la obra, "estoy segura que no entendio nada" :P

Lídia dijo...

Me ha encantado leerte puesto que siento lo mismo y también deje la escuela porque lo vivía como un absurdo y más cuando en los claustros, al menos en el mio, te miran y tratan de bicho raro por plantear este tipo de cuestiones para cambiar los sistemas que no sirven para que los alumnos/as aprendan sino que sólo sirven para que aprendan, interioricen y apliquen normas de "buen" comportamiento: trabajar en silencio, no ir al WC antes de finalizar la sesión, no llegar tarde,... Normas que los mantiene reprimidos durante horas y al salir del colegio las pierden pues "explotan", sobretodo, los más hiperactivos. Otra cosa que no he entendido nunca y siempre he cuestionado son los controles pero sobretodo los de velocidad lectora, me continúo preguntando lo mismo ¿De qué sirve hacer leer rápido a los niños, presionándolos cronómetro a mano, si no entienden lo que están leyendo porque sólo están pendientes de superar el récord de rapidez? Digo yo que para leer así, mejor no leer y se va más rápido aún, ¿no? total para no enterarse de lo que se lee!!!! Muy absurdo, el sistema en general, no sólo el educativo (aunque sea su base), es totalmente absurdo, obsoleto y retrógrado. Un saludo. He llegado a tu blog a través de ALE en red.

Claudia Díaz dijo...

Ahora si escucho a alguien que tiene la razón.
Por eso es que mis hijos y nosotros sus padres hacemos la escuela en casa, apoyandonos con todo lo que nos rodea, incluyendo el famoso recurso de internet.

Felicidades y ojalá y me puedas recomendar el título de un libro para mi hija de 11 años. Ella decicirá.