La maternidad tranquila

La llegada de un bebé a la familia es, primero una bendición y después una oportunidad única de crecimiento. En mi segunda maternidad y mis 41 años la tranquilidad y el placer y la contemplación van de la mano. Sirva este espacio para reflexionar sobre la maternidad tranquila, sin culpas, sin expectativas, sin cargas innecesarias.
Tus aportaciones son bienvenidas, así que, si lo deseas, comparte-te, fluye y disfruta.
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lunes, 14 de febrero de 2011

El amor

Llevo algunos días con la idea rondando en mi cabeza... ¿Qué es el amor? Exactamente ¿Qué es el amor? Es un sentimiento que nos vincula a los otros. Si, pero... ¿Como? Nos hace felices. Si, pero ¿Por qué? El Amor ha sido y es la inspiración de casi todas las obras de arte que, desde el origen de la humanidad, hemos ido creando. En estos tiempos, en que el sentir ha dejado paso, sobre todo en occidente al pensar, el Amor se nos ha ido escapando entre los dedos de las manos. En ocasiones amamos desde el intelecto, amamos a nuestros hijos porque es lo que se supone que debemos de hacer; el amor es lo que se supone que debemos sentir por nuestra pareja, pero cuando la pasión se desvanece, dudamos del sentimiento que tenemos hacia el otro. 

Es ahora, a los 37 años y con una hija de seis, cuando puedo atisbar en qué consiste este extraño sentimiento que nos invade y que llamamos enamoramiento durante largos años de juventud, que después damos en llamar amor si continuamos con la misma pareja o tenemos hijos. Nos enamoramos y creemos que eso es amor. Pero lo que perseguimos es la felicidad que el otro nos proporciona, no hacer feliz al otro. Nos volvemos posesivos, obsesivos con el otro. Lo queremos a tiempo completo, solo para nosotros... solo porque nos hace feliz. Y a esto lo llamamos amor. El amor es un sentimiento que nos vincula al otro. Sí. Pero también una actitud. El amor está completo cuando se hace, se practica ¿Y cómo sabemos que amamos a otro ser humano? Sabemos que amamos cuando nos preocupa y ocupa la felicidad y el bienestar del otro, cuando nos ofrecemos como somos y permitimos que el otro se ofrezca tal y como es, sin artificios. Cuando mi hija era un bebé, aún en habitaciones diferentes, al oír su llanto, mi pecho comenzaba a rebosar leche. ¿Qué es ese extraño sentimiento que provoca  cambios, incluso físicos, en una misma? Ahora, comienzo a entender que el amor se da cuando cuando aceptas a otro ser humano por entero, cuando te entregas sin reservas, incluso entregas tu cuerpo como alimento.

Las madres y los padres solemos decir que amamos a nuestros hijos, pero ¿Cuánto y cuándo nos ocupamos de su felicidad? ¿Cómo propiciamos ese Estar que lleva a la aceptación? Queremos que nuestros hijos crezcan cuanto antes, que se conviertan en adultos para que dejen de importunarnos con sus demandas. No hay nada más amoroso que permitir que el otro sea, que se exprese, permitirnos borrarnos con nuestras demandas y ponernos al servicio de los demás. ¿Qué es el amor? Mirar y callar, antes que hablar y actuar. Respetar los ritmos y tiempos del otro, aunque el otro sea un adulto, nuestra pareja, y no compartamos del todo su mundo interior ni sus ideas. Miro mi propia historia y veo a madres comportándose con sus hijos alrededor y ¿qué observo? La humanidad no ha estado ni está educada en el amor, en el amar. A veces imagino una sociedad en la que la premisa de cualquier relación sea el interés del otro, el cuidado, la mano tendida, la falta de exigencia que derivan de un amor profundo, ese que los místicos y las tradiciones espirituales han dado en llamar amor incondicional. Es un amor que no rechaza, que permite abrirse a la experiencia directa del otro. 

¿Y cómo sabemos que el otro nos ama? Sabemos que nos ama porque nos acepta tal y como somos. Porque no nos exige que cambiemos, porque se ocupa de nuestro bienestar, nos cuida y apoya. El amor es el tejido del que está hecho la vida, es nuestra esencia, la manera en que estamos en este mundo. Es lo que venimos a ser, no lo que podemos o queremos tener. Queremos que nos amen, pero en esa búsqueda del amor, nos ponemos primero. Tenemos hijos con la secreta esperanza de encontrar alguien que nos ame de verdad. Esperamos que nos llenen con amor. Y así no funciona. Abrir el pecho y permitir que los demás entren, sentirlos, no con la mente, si no desde el corazón es lo que nos proporciona la experiencia directa del amor. Entonces el amor deja de ser una nebulosa, una idea que perseguir, y se convierte en nuestra realidad. Entonces el mundo se transforma.

6 comentarios:

Ileana dijo...

Yo tengo un borrador sobre "semiótica del amor" hace mucho tiempo y no termino de escribirlo.

Creo que hay un factor fundamental en el amor: EL CONTACTO FÍSICO.

No solo es respetar al otro, dejarle su espacio, su libertad, su dignidad...

EL AMOR ES CUERPO.

La civilización occidental ha sublimado durante milenios el amor, hacia el corazón, la mente... despreciando el contacto físico, de modo tal que EL CONTACTO FÍSICO HA QUEDADO PRACTICAMENTE REDUCIDO AL ACTO COITAL.

Pero amar es abrazar, acariciar, tocar, oler, sostener... Esto es sobre todo evidente en los bebés y niños pequeños, porque así es el único modo en que pueden comprender el amor.

Y a partir de ahí, el AMOR ENTRA EN NUESTRA CARNE, en neustro cuerpo, en nuestros músculos, predisponiéndonos a la salud y la felicidad.

El amor es y tiene que ser carne.

Gracias, un abrazo!!!

Cristina dijo...

Es un hermoso texto. Y me ha hecho pensar. Gracias :)

Mónica de Felipe dijo...

Ileana, te respondo en una entrada que tiene por título Cambiar el mundo.
Sí, yo también creo que el contacto físico es fundamental. Pero ¿cuándo se da? ¿cuándo abrazamos a un hombre o a una mujer sin interés sexual? Cuando se abre el corazón y la mente (es decir, cuando no hay barreras mentales ni emocionales) el contacto físico surge de forma espontánea.

Cristina, gracias por tus palabras.

Un abrazo "virtual" de verdad.

dijo...

Me ha parecido muy interesante esta reflexión. Primero por la reflexión en sí y el tema escogido y segundo porque hay cosas en las que estoy de acuerdo y otras que no había pensado.

Se me hace difícil escribir sobre el amor y siento como si no tuviera esa capacidad literaria en estos momentos.

De todos modos, ya decidido a escribir, el amor, me parece algo que tiene que ver con la tolerancia, esto es la aceptación, y también con la autenticidad, o ser uno mismo.

Como ejemplo, los niños pequeños.

En general, la mayoría de veces que veo a un niño pequeño me asombro de la capacidad que tienen de tolerar mil cosas que muchos adultos no dejaríamos pasar. También, aunque imitan, a su manera y con su propio estilo por cierto, en ellos veo cientos de gestos, movimientos, reacciones, etc., que son realmente auténticas.

Y es por esto que reconozco buena parte de lo que para mí significa amor, encarnado en los niños pequeños.

Mónica de Felipe dijo...

Perdona que no te tuteé, pero soy incapaz de encontrar ese signo en mi teclado.
A ver si va a resultar que el amor es lo que somos y después de tanta capa de ideas, prejuicios, miedos, emociones enquistadas, cuerpo tenso... es lo que aparece. ¿Será por eso nos parece que los niños pequeños (que no están tan escondidos), nos muestran qué es el amor?
Un abrazo,
Por cierto, me gusta tu blog.

dijo...

Será...

Tu blog tmabién mola que te inclinas

;o)