La maternidad tranquila

La llegada de un bebé a la familia es, primero una bendición y después una oportunidad única de crecimiento. En mi segunda maternidad y mis 41 años la tranquilidad y el placer y la contemplación van de la mano. Sirva este espacio para reflexionar sobre la maternidad tranquila, sin culpas, sin expectativas, sin cargas innecesarias.
Tus aportaciones son bienvenidas, así que, si lo deseas, comparte-te, fluye y disfruta.
¡Bienvenida!

sábado, 16 de marzo de 2013

La Universidad comienza en el jardín de infancia

Vivimos rápido. Mucho. Tanto que esperamos que las cosas sucedan ya, ahora, sin demora, sin tiempos de cocción ni necesidad de esperas. Esperamos que los procesos sean rápidos, los duelos cortos, la vida intensa y el aprendizaje instantáneo. Cuando mi hija tenía cuatro años iba a unas clases que se llamaban Música y movimiento. Antes del primer día del curso la profesora nos reúne en una sala a los padres (sobre todo madres) y nos cuenta la pedagogía y los objetivos generales del curso. Una madre pregunta:
- ¿Les dais diploma al finalizar el curso?
Esa fue la primera vez que oí tal cosa. Pero en ese mismo instante ya me pregunté para que narices quería una madre un diploma de un curso de actividades extraescolares de introducción a la música y el movimiento para niños de cuatro años.
¿Qué nos pasa?

Tememos que si los niños no hablan inglés a los seis años ya nunca puedan aprender inglés. Conozco a personas que hablan a sus hijos en lenguas extranjeras a la propia materna. Y me pregunto cómo los niños llegarán a conocer la riqueza de matices de una lengua, la dulce cuna de un lenguaje propio en el que crear nuestra identidad y la realidad. Queremos que crezcan rápido, que sean los más listos, fuertes, que no se chupen el dedo o se muerdan las uñas, que no tengan miedos ni se muestren ansiosos... que sean lo que nosotros no somos. Y nos perdemos la grandeza de conocer un alma vulnerable y grande; detrás de un signo de debilidad puede haber una enorme sensibilidad que puede ser el germen de una genialidad. Detrás de un niño más inmaduro, puede existir una inteligencia más sutil y fina, una visión más amplia de la realidad que le provoque, a la vez, una mayor resistencia a crecer. A veces equivocamos inteligencia con habilidad.

Y cada vez me doy más cuenta de que la información se puede comprar o adquirir sin problemas: un título universitario, un libro, un curso... estas cosas pueden ser adquiridas antes o después por razón de su utilidad o por curiosidad intelectual. Lo que es inasible y lo que, visto tal y como estamos, escasea, porque no es posible comprarlo o adquirirlo, es la sabiduría. Sabiduría entendida como un conocimiento más profundo del sentido de la propia vida, de mis potencialidades y la capacidad y de las herramientas para alcanzar mis objetivos en la vida. Esto, me temo, no está al alcance de cualquiera y debería ser uno de los fundamentos de cualquier educación que se precie.

Os dejo con un video de Ken Robinson, lúcido y brillante.






 Dedicado a Oscar.

2 comentarios:

Silvia Durá dijo...

Me ha encantado la reflexión que haces sobre hablarle a los niños en otra lengua diferente a la materna para que la aprendan lo antes posible. Totalmente de acuerdo. Mi pareja y yo hemos hablado varias veces de eso. Pero eres la primera persona aparte de él con la que puedo compartir esa idea y la importancia que tiene.

Anónimo dijo...

Gracias super interesante y consolador que existan otras miradas sobre nuestros hijos.