La maternidad tranquila

La llegada de un bebé a la familia es, primero una bendición y después una oportunidad única de crecimiento. En mi segunda maternidad y mis 41 años la tranquilidad y el placer y la contemplación van de la mano. Sirva este espacio para reflexionar sobre la maternidad tranquila, sin culpas, sin expectativas, sin cargas innecesarias.
Tus aportaciones son bienvenidas, así que, si lo deseas, comparte-te, fluye y disfruta.
¡Bienvenida!

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viernes, 16 de septiembre de 2011

¿Por qué educo en casa?

Por si aún no quedaba claro, nosotros educamos en casa. Esta decisión implica necesariamente que:
- Es una decisión meditada, tomada con base y tras un periodo de reflexión.
- Que es una opción que da más trabajo, lo que implica que no podemos concluir que se toma por comodidad.
- Que hemos considerado los pros y contras de educar en casa o hacerlo en el sistema escolar.

Llevo varias semanas asistiendo a las reuniones del grupo de Educación que nació en las jornadas del 15M en mi ciudad. A pesar del nombre, poco hemos hablado de educación y mucho de sistema escolar; algo que a mi, no solo no me parece lo mismo, sino que me parece contrario. Casi todos los miembros que la componen son profesores que, evidentemente, luchan por conseguir mejoras laborales o salariales y aseguran querer una enseñanza de calidad y que los recortes presupuestarios van a incrementar las diferencias entre las escuelas públicas y las privadas. Pero pocos tienen la valentía de asumir que ellos son parte responsable de que el sistema sea tan rematadamente malo. Un sistema de educación cuyo fracaso escolar es del 31 % debía de llevarnos a todos (familias, políticos, pero también profesores) a replantearnos la situación. Pero como decía Einstein: Ningún problema puede ser resuelto en el nivel de conciencia que lo generó. O lo que es lo mismo, que tienes que dar un paso atrás o hacia arriba, para poder ver con perspectiva el problema del cual si eres profesor, eres parte. 
Anuncio que respeto a los profesores porque hacen un trabajo que yo no podría hacer. Sé que no sería feliz entrando a un colegio todas las mañanas y metiéndome en un aula durante cinco horas con quince o veinte niños... y menos si eso es lo único que he hecho en mi vida, desde que tenía cuatro o cinco años.   Yo no sería feliz... otra cosa por ver es si ellos lo son. Y este aspecto es importante porque la calidad de  la educación que ellos van a proporcionar a los niños tiene que ver, entre otras cosas, con la felicidad, entusiasmo, generosidad y paciencia que sean capaces de transmitir a sus alumnos. Y esto no es cuantificable en los presupuestos generales del estado. 

Desde dentro, el problema parece irresoluble porque los profesores, de hecho, son un producto moldeado por más de veinte años de actividad escolar. O sea, que no han conocido otra manera de hacer las cosas... aunque haberlas, haylas (que dice el dicho). Sin embargo, mucho se ha escrito sobre educación, neurociencia, psicología... para que podamos avanzar certeramente. Quizá podemos comenzar por leer algunos libros que puede que nos den ideas:

- Piaget. Sus trabajos sobre el desarrollo y las etapas del niño (creo que son de obligado estudio o al menos lo eran hasta hace poco en las facultades). Si lees a Piaget y te lo crees, entonces no obligas a niños menores de siete años a estar sentados durante horas. Los niños aprenden en esta etapa (sensoriomotriz) a través de los sentidos y el movimiento. Hacer que un niño de cinco años rellene fichas es, no solo una pérdida de tiempo, sino contraproducente, ya que deja de hacer las cosas que hace un niño de cinco para aprender.
- Rebeca y Maurizio Wild.  "Educar para Ser", "Ser para Educar"... Sobre cómo crear una escuela activa libre. Además en casi todas las provincias hay ya escuelas de este tipo, por lo que quizá sería interesante que los profesores pudieran ir a ver cómo y qué se educa allí.
- Claudio Naranjo: "Cambiar la educación para cambiar el mundo". Reflexiones en voz alta sobre la finalidad última de los procesos educativos y el tipo de sociedad que sostiene.
- Sue Gerhardt (neuróloga): "El Amor maternal" sobre el cerebro del bebé y cómo se desarrolla.

Muchas familias de mi entorno han escolarizado a sus hijos a los seis años de edad. Estos niños, provienen de escuelas libres o de educación en casa. Observamos, perplejas, como a los niños se les pone media hora de dibujos animados en la clase (cuando muchas de estas familias tienen restringido ver la televisión a sus hijos por sistema). O como el primer día de clase, en cuarto de primaria, un profesor joven reparte unos termómetros dibujados en papel para que los niños peguen estrellas si hacen las cosas bien y las quiten si las hacen mal. Cosas que están mal hechas en clase para este joven profesor de primaria, hasta el momento:
- No acabar la tarea encomendada a tiempo. El tiempo que tienen para hacerla lo marca él, claro. 
- Que se te caiga un libro al suelo. 
(Estos tres días de colegio han dado para esto). 

El problema se agrava porque además de la presión y el nefasto resultado psicológico de un niño poniéndose y quitándose estrellas de un termómetro (algo que los adultos debemos después, si queremos ser mínimamente felices, quitarnos en terapias muy dolorosas), se añade el termómetro grupal.  Es decir, si un niño termina tarde, no sólo se quita una estrella de su propio termómetro (cosa ya de por sí, malsana), sino que se la quita a toda la clase. Este tipo de profesores no pueden alegar que la televisión hace violentos a los niños o que en las familias no se les educa correctamente. Él es el principal motor de violencia en ese aula... el problema es que ni lo sabe. 

Ayer me decía una amiga muy sabia, que desde el siglo XVIII hemos perdido la oportunidad de saber cuál es el verdadero potencial del ser humano, pues los niños han aprendido lo mismo de la misma forma con postulados exactamente iguales que los llevan a conclusiones similares. Creo que tiene razón.

Yo educo en casa por el mismo motivo que, los hijos de profesores de izquierdas de la educación pública en este país no van a misa... ¡porque no me lo creo!


Por si aún no lo habéis visto...

martes, 13 de septiembre de 2011

Claudio Naranjo

Me gusta el psiquiatra Claudio Naranjo. Aprovechando que comienza hoy el curso escolar para muchos de vosotros y vuestros hijos, os dejo algunos textos que le pertenecen y con los que me permito soñar con un mundo futuro mejor en el que los niños y su formación sea una cuestión tan valiosa que hagamos realidad estas reflexiones. 

"Esto inicialmente, ya que el cambio ideal y definitivo habría que requerir, como es lógico, una nueva educación de los educadores: la vida procede de la vida, y la madurez solamente de personas que a su vez han madurado, sobre todo cuando lo que se trata de transmitir es una formación integral y estrictamente humana.»
Cambiar la educación para cambiar el mundo, Ed. Índigo, 2007, pp. 219

«El auto-conocimiento ha sido reconocido desde siempre como una vía de transformación. Le profesamos cierta veneración colectiva al “Conócete a ti mismo” que tanto asociamos con la figura y misión de Sócrates y el oráculo de Delfos; pero en esto somos colectivamente hipócritas, pues en caso contrario el auto-conocimiento tendría un lugar fundamental en nuestra práctica educativa.» 

Cambiar la educación para cambiar el mundo, Ed. Índigo, 2007, pp. 234

«No se trata solamente de llegar a ser tricerebrados armoniosos, sanos y amorosos-y por lo tanto capaces de una paz alegre: se trata de ser seres espirituales- lo que implica que más allá de una educación del cuerpo para el trabajo, del corazón para la vida de relación y de la mente para el conocimiento del universo, deberíamos tener una educación que favorezca la disposición contemplativa de la mente y no sólo sus aspectos intelectuales y psicológicos.»

Cambiar la educación para cambiar el mundo, Ed. Índigo, 2007, pp. 167


« [...] el darse cuenta es la base para la armonía. El factor que armoniza. Darse cuenta permite que los conflictos se solucionen. Cuando no somos concientes, cuando no nos damos cuenta, nuestras diferentes partes luchan y es como personas ciegas golpeándose en la oscuridad. Cuando hay luz, nuestras partes se alinean. Por naturaleza. Así que parte de la educación debería enseñar a las personas a estar presente en el momento. No solamente prestando atención a esto o a lo otro, sino prestando atención a su experiencia del momento. Darse cuenta de lo que está pasando por dentro, en otras palabras, ser capaz de percatarse. Y no convertirse en robots. . [...] ».
Entrevista a Claudio Naranjo, «Gaur egun, hezkuntza leku beldugarria da alaitasunarentzat», revista Hik Hasi, 136, marzo de 2009, San Sebastián, País Vasco.



«Los profesores, los directores escolares, incluso lo burócratas de la educación, necesitarían contar con un apoyo mucho más fuerte para poder tomar la iniciativa de implantar en la escuela la metodología-de la tecnología, podríamos decir-de que hoy disponemos para desarrollar y/o sanear las relaciones afectivas. Si la crisis que padecemos es ante todo una crisis de relaciones, una crisis de relación con la capacidad amorosa del ser humano, no podemos seguir manteniendo esa separación entre lo terapéutico y lo educativo, ni podemos seguir identificando educación con una instrucción a menudo irrelevante.»
Cambiar la educación para cambiar el mundo, Ed. Índigo, 2007, pp. 205






domingo, 21 de agosto de 2011

A vueltas con la lectura

Hace unas cuantas semanas, escribí en este blog sobre el aprendizaje de la lectura (aquí). A vueltas con el tema, encuentro en el periódico (versión digital) "El Correo de Andalucía" del 21 de agosto la siguiente noticia con fecha de junio:

"70 palabras por minuto: velocidad de lectura en Primaria
Daniel Cela Actualizado 22/06/2011 22:30

Educación asume un índice de eficiencia lectora para evaluar la capacidad de los alumnos de 7 años. Los resultados de la prueba Escala se entregarán por colegio, clase y alumno.

La lectura es el talón de Aquiles del estudiante y quizá del sistema escolar. La comprensión lectora tiene la función de sostener todo el proceso de aprendizaje y, si flaquea, el sistema se desmorona y la tasa de fracaso escolar afecta al 32% de alumnos.

La Consejería de Educación, a través de la Agencia de Evaluación, ha empezado a usar un instrumento para medir la fortaleza y debilidad del nivel de lectura cuando el niño tiene 7 años. Un índice de eficacia que se ha utilizado, por primera vez, en una prueba de lectura en voz alta que han realizado 32.228 alumnos (la más extensa de Europa). Ese ejercicio mide el hábito lector desde distintos parámetros: el modo, velocidad, exactitud, comprensión, nivel de identificación de ideas, reconocimiento de signos de puntuación, procesamiento sintáctico... Los alumnos leyeron en voz alta ante su maestro un texto de 213 palabras. La velocidad establecida para niños de 7 años es de 70 a 80 palabras por minuto. Esa horquilla garantiza la comprensión y la fluidez de lectura.

El ejercicio oral forma parte de la prueba Escala, que es el diagnóstico más prematuro que existe en el sistema escolar andaluz. Se aplica en 2o de Primaria y mide el nivel en escritura, cálculo y lectura. 98.866 alumnos la hicieron el pasado 31 de mayo y 1 de julio. Para las escuelas, los resultados estarán a final de mes, para las familias, en septiembre. La Junta los presentará en tres niveles: los del colegio, los de la clase y los de cada alumno. El consejero Francisco Álvarez de la Chica explicó ayer en el Parlamento que los datos "permitirán a los colegios compararse con otros de sus mismas características", que se comparen con centros del mismo contexto sociocultural para depurar la responsabilidad estrictamente educativa. Pero se mirarán en escuelas de otra provincia, no del mismo municipio, para evitar que confronten como en un ranking."

Perdónenme, porque no seré políticamente correcta esta vez.  Tenemos a dirigentes políticos estúpidos que se sientan con pedagogos, funcionarios y profesores igualmente estúpidos ocupados en cargos de responsabilidad que se encargan de forma absolutamente eficaz en convertir en desastre lo que debería ser la normalidad: que los niños lean y comprendan el texto que han leído ¿Tan difícil es? 

Ahora les cuentan las palabras que leen. Miren, si a mi me ponen de pie delante de otras veinte personas y sé que alguien está contando las palabras que pronuncio, es muy posible que (además ayudada por el entorno competitivo que se vive en las aulas) me dedique a leer de corrida sin prestar demasiada atención al contenido. Lo que significa que esta prueba es estúpida (a la medida de quienes la imponen).

Sé que los señores estúpidos que se dedican a neutralizar y desvirtuar la educación no leen mi blog, pero por si acaso, una receta:
- No intenten que todos los niños aprendan a leer a la vez y lean lo mismo del mismo modo. Eso no solo es imposible, sino que es el caldo de cultivo de los futuros fracasos escolares.
- Si quieren saber si un niño sabe leer y entiende lo que lee, denle textos que llamen su atención poderosamente. ¿Qué tal comenzar a leer con la alineación del Madrid o Barsa, con una historia de corsarios o con buena poesía?
- Dediquen tiempo a ampliar el tamaño de las letras al principio.
- Y, sobre todo, no les enseñen a leer, por favor. Ponga a su disposición herramientas adecuadas y responda sus dudas. Si les dejan en paz lo harán por sí mismos cuando llegue el momento. Cuando sientan la necesidad de leer, lo harán. Punto. Así hemos aprendido los seres humanos desde que el mundo es mundo y así lo seguiremos haciendo. Se aprende por amor, por pasión, por necesidad, por emoción, por orgullo, por dignidad... 

Mientras tanto, espero que, al menos, se entretengan midiendo las palabras que caben en un minuto de lectura y en diseñar estadísticas con circulitos y quesitos de colores para... comparar ¿?  ¿Se imaginan las conclusiones? ¿Y sus utilidades?

martes, 5 de julio de 2011

Aprender a leer

A veces reconozco que se me enciende la sangre. Miro a mi alrededor y pienso que vivo en un mundo absurdo, casi irreal. Nuestra sociedad postmoderna y a punto de caducar ha elevado a conocimiento lo complementario. Lo siento por los miles de estudiantes de educación y pedagogía que abarrotan las aulas, muchos con la sana intención de mejorar la educación, de ayudar a niños en su proceso, de apoyar el crecimiento y la capacidad intelectual de sus alumnos. Lo siento sinceramente porque creo que están siendo engañados, estafados en un sistema que no solo no da las soluciones, sino que provoca los problemas. Ahora, los niños que no van bien en el colegio, se ven sometidos a entrevistas con psicólogos en despachos de colegios, a clases especiales con profesores de apoyo y, a veces, incluso al consumo de drogas para sentarlos y domesticarlos.

En general no creo en los profesores (y lo he sido, que conste). No creo que un profesor tenga la capacidad de enseñar. Como mucho puede tener la capacidad de transmitir algunos conocimientos, pero es el estudiante quien aprende. Y esto, por mucho que nos empeñemos siempre ha sido así. Es así porque ninguno de los adultos que hoy leen esto serían capaces de resolver un examen de matemáticas o de geografía quince años después de haberlo "aprendido" en el colegio. Y es que no lo aprendimos realmente. Tan solo memorizamos fórmulas, procedimientos o datos que repetimos después para hacer un examen, para pasados varios días o años ser incapaces de aplicar o recordar gran parte de los aprendido. Como mucho un profesor puede encender la llama de la curiosidad en los alumnos y, guiado por el afán de conocimiento que el ser humano ha demostrado en toda la historia de la Humanidad, el alumno puede formular sus propias preguntas y respuestas. Pero muy lejos están éstas de ser admitidas por el sistema educativo actual.

Así que no creo que realmente se aprenda mucho en el colegio. Yo, al menos, no aprendí mucho. Ni siquiera en la Universidad aprendí demasiado. Puedo recordar algunas cuestiones relacionadas con la Filosofía del Derecho que me apasionaron entonces y que, a pesar de la buena nota, recuerdo en una nebulosa. Puedo recordar mis propias respuestas, pero sería incapaz de hablar más de cinco minutos sobre la obra de Norberto Bobbio o sobre El contrato social de Rousseau. Así que puedo decir que no aprendí demasiado. Y no aprendí, no porque hubiera algo malo en mi. No. No aprendí demasiado en los veinte años de estudios académicos (desde primaria a la licenciatura) porque el sistema no está diseñado ni creado para educar.

Reconozco haber disfrutado más con la lectura libremente elegida de El banquete de Platón en mi casa en el año de COU, que con todas las lecturas parciales y obligadas que tuvimos que hacer para aprobar la asignatura de Filosofía en selectividad. Reconozco haber disfrutado más con la elección de El siglo de las Luces de Alejo Carpentier en 3º de BUP que con la lectura obligada de El Beatus Ille de Antonio Muñoz Molina -cuyo libro ni siquiera comencé y a quien no he vuelto a leer por pura rebeldía-. Siempre me ha parecido que desde las instituciones educativas se vanalizaba la literatura hasta extremos insoportables. Un libro no es solo un libro, cualquier buen lector lo sabe. Un libro es el encuentro de dos mundos, dos almas, en un espacio y tiempos concretos.

Los programas de animación a la lectura en la que los alumnos deben leer un autor en un tiempo determinado son un auténtico atropello a la razón y a la libertad personal porque la elección de un libro es un acto sagrado de dominio personal y libertad subjetiva. Y, si además, van acompañados de comentarios de texto en los que has de contestar lo que otros quieren que contestes (nunca he encontrado un profesor tan libre que te permitiera hacer un comentario de texto personal y creativo), entonces, el placer intelectual y la capacidad creativa son directamente aplastados. Para mi, que la lectura ha sido mi refugio personal y la balsa en la que sostenerme en los momentos de zozobra interior y exterior, las lecturas obligadas han sido una tortura de la que he conseguido zafarme siempre, porque, y esto es lo bueno, he aprobado sin haber leído los libros que se suponía tenía que leerme. Incluso en selectividad. Siempre supe qué querían los otros - los profesores- que contara del libro y podía explicarlo, aún sin haberlo leído. Lo que viene a confirmarme una vez más la escasa utilidad de los sistemas tradicionales de enseñanza. Pero claro, yo tuve la suerte de haber comenzado a leer en casa a los cuatro años, lo que me permitió la libre elección de mis lecturas hasta al menos los siete y ocho años. Lo que me hizo ser una lectora libre.

Mi hija, que actualmente tiene seis años, comenzó a leer hace algo más de un año. Su elección primera fue la colección completa de Asterix y Obelix que su padre le regaló pensando que miraría los dibujos. Pero no. El regalo fue el aliciente que encendió la llama de la curiosidad y desde hace un año lee y relee las aventuras de los galos (hasta tal punto que este verano pisaremos las Galias en honor a sus personajes preferidos). A priori nunca creí que una niña de cinco años pudiera soltarse en la lectura de la mano de Asterix y Obelix, cuyos nombres y latinajos son tan difíciles de pronunciar y cuyo sentido del humor destila una fina ironía. Sin embargo, así ha sido.


Que conste que cada verano le compro los libros resúmenes del curso que se supone debía haber realizado. En los primeros años de primaria, la lectura tiene una posición predominante. Y así los libros vienen con unas narraciones y cuentos que, he de reconocer, jamás la han interesado. Hace dos veranos, las aventuras de dos marcianos (Tana y Tano) fueron para ella aburridas. Este año, dos hermanos encuentran un barco pirata en la playa mientras están de veraneo con sus abuelos y... a mitad de la narración, ha cerrado el libro y perdido cualquier interés por esos relatos políticamente correctos con lenguaje sencillo y faltos de emoción. Me imagino a un buen intencionado pedagogo escribiendo en lenguaje no sexista una narración irreprochable en la que trabajar los verbos pretéritos. ¡Qué lejos de la verdadera literatura! Es imposible, más bien un milagro, que un alumno correctamente asimilado por el sistema educativo actual ame la verdadera literatura, si quiera que la distinga de los almibarados textos que acompañan los libros académicos. Y estos niños, serán jóvenes que leerán (con suerte) los best seller del año sin comprender que aquello no es ni será literatura. Que la distancia que media entre un libro comercial y la Literatura en mayúsculas es la misma que existe entre una hamburguesa de MacDonald y una caldereta de marisco; la misma que separa el íntimo abrazo del enamorado del rápido sexo anónimo.


Miro a mi alrededor y me pregunto por qué estamos cómo estamos. Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones honestas en nuestra vida, por qué naufragamos en un mar de dudas, por qué no conocemos el valor de lo importante; cómo es que no diferenciamos lo accesorio de lo relevante, lo sagrado de lo fútil. Cómo es que no sabemos ofrecernos a los demás y valorar la voz que somos, la melodía única que necesita la armonía total. Y viene a mi mente que somos aún como esos adolescentes que sabían qué respuestas debían dar si querían aprobar el examen, aunque la respuesta no tuviera nada que ver ellos... el problema es que confundimos nuestra voz con la de los otros.