Por si aún no quedaba claro, nosotros educamos en casa. Esta decisión implica necesariamente que:
- Es una decisión meditada, tomada con base y tras un periodo de reflexión.
- Que es una opción que da más trabajo, lo que implica que no podemos concluir que se toma por comodidad.
- Que hemos considerado los pros y contras de educar en casa o hacerlo en el sistema escolar.
Llevo varias semanas asistiendo a las reuniones del grupo de Educación que nació en las jornadas del 15M en mi ciudad. A pesar del nombre, poco hemos hablado de educación y mucho de sistema escolar; algo que a mi, no solo no me parece lo mismo, sino que me parece contrario. Casi todos los miembros que la componen son profesores que, evidentemente, luchan por conseguir mejoras laborales o salariales y aseguran querer una enseñanza de calidad y que los recortes presupuestarios van a incrementar las diferencias entre las escuelas públicas y las privadas. Pero pocos tienen la valentía de asumir que ellos son parte responsable de que el sistema sea tan rematadamente malo. Un sistema de educación cuyo fracaso escolar es del 31 % debía de llevarnos a todos (familias, políticos, pero también profesores) a replantearnos la situación. Pero como decía Einstein: Ningún problema puede ser resuelto en el nivel de conciencia que lo generó. O lo que es lo mismo, que tienes que dar un paso atrás o hacia arriba, para poder ver con perspectiva el problema del cual si eres profesor, eres parte.
Anuncio que respeto a los profesores porque hacen un trabajo que yo no podría hacer. Sé que no sería feliz entrando a un colegio todas las mañanas y metiéndome en un aula durante cinco horas con quince o veinte niños... y menos si eso es lo único que he hecho en mi vida, desde que tenía cuatro o cinco años. Yo no sería feliz... otra cosa por ver es si ellos lo son. Y este aspecto es importante porque la calidad de la educación que ellos van a proporcionar a los niños tiene que ver, entre otras cosas, con la felicidad, entusiasmo, generosidad y paciencia que sean capaces de transmitir a sus alumnos. Y esto no es cuantificable en los presupuestos generales del estado.
Desde dentro, el problema parece irresoluble porque los profesores, de hecho, son un producto moldeado por más de veinte años de actividad escolar. O sea, que no han conocido otra manera de hacer las cosas... aunque haberlas, haylas (que dice el dicho). Sin embargo, mucho se ha escrito sobre educación, neurociencia, psicología... para que podamos avanzar certeramente. Quizá podemos comenzar por leer algunos libros que puede que nos den ideas:
- Piaget. Sus trabajos sobre el desarrollo y las etapas del niño (creo que son de obligado estudio o al menos lo eran hasta hace poco en las facultades). Si lees a Piaget y te lo crees, entonces no obligas a niños menores de siete años a estar sentados durante horas. Los niños aprenden en esta etapa (sensoriomotriz) a través de los sentidos y el movimiento. Hacer que un niño de cinco años rellene fichas es, no solo una pérdida de tiempo, sino contraproducente, ya que deja de hacer las cosas que hace un niño de cinco para aprender.
- Rebeca y Maurizio Wild. "Educar para Ser", "Ser para Educar"... Sobre cómo crear una escuela activa libre. Además en casi todas las provincias hay ya escuelas de este tipo, por lo que quizá sería interesante que los profesores pudieran ir a ver cómo y qué se educa allí.
- Claudio Naranjo: "Cambiar la educación para cambiar el mundo". Reflexiones en voz alta sobre la finalidad última de los procesos educativos y el tipo de sociedad que sostiene.
- Sue Gerhardt (neuróloga): "El Amor maternal" sobre el cerebro del bebé y cómo se desarrolla.
Muchas familias de mi entorno han escolarizado a sus hijos a los seis años de edad. Estos niños, provienen de escuelas libres o de educación en casa. Observamos, perplejas, como a los niños se les pone media hora de dibujos animados en la clase (cuando muchas de estas familias tienen restringido ver la televisión a sus hijos por sistema). O como el primer día de clase, en cuarto de primaria, un profesor joven reparte unos termómetros dibujados en papel para que los niños peguen estrellas si hacen las cosas bien y las quiten si las hacen mal. Cosas que están mal hechas en clase para este joven profesor de primaria, hasta el momento:
- No acabar la tarea encomendada a tiempo. El tiempo que tienen para hacerla lo marca él, claro.
- Que se te caiga un libro al suelo.
(Estos tres días de colegio han dado para esto).
El problema se agrava porque además de la presión y el nefasto resultado psicológico de un niño poniéndose y quitándose estrellas de un termómetro (algo que los adultos debemos después, si queremos ser mínimamente felices, quitarnos en terapias muy dolorosas), se añade el termómetro grupal. Es decir, si un niño termina tarde, no sólo se quita una estrella de su propio termómetro (cosa ya de por sí, malsana), sino que se la quita a toda la clase. Este tipo de profesores no pueden alegar que la televisión hace violentos a los niños o que en las familias no se les educa correctamente. Él es el principal motor de violencia en ese aula... el problema es que ni lo sabe.
Ayer me decía una amiga muy sabia, que desde el siglo XVIII hemos perdido la oportunidad de saber cuál es el verdadero potencial del ser humano, pues los niños han aprendido lo mismo de la misma forma con postulados exactamente iguales que los llevan a conclusiones similares. Creo que tiene razón.
Yo educo en casa por el mismo motivo que, los hijos de profesores de izquierdas de la educación pública en este país no van a misa... ¡porque no me lo creo!
Por si aún no lo habéis visto...